IndiWood, así empezó todo...

Antonio Pérez,

almeriense que se crio y creció durante toda su vida en el barrio de Los Ángeles. Trabaja como peluquero canino profesionalmente, pero desde que descubrió su pasión por el surf hace más de 20 años en la playa de Los Genoveses, se enamoró perdidamente también de este deporte. En esta playa conoció a su buen amigo Iván, mi padre. 

Iván Úbeda,

madrileño que ha veraneado en Retamar, Almería, durante toda su vida con sus padres y sus hermanos. Él es la otra parte del equipo IndiWood. Mecánico de profesión, es otro gran apasionado del surf

Cuando viaja a Madrid a visitar a su familia, Iván pasa por una serrería antigua de su pueblo, Alcorcón, donde compra todas las maderas que hacen de estas tablas unas creaciones originales, únicas, y de una belleza extraordinaria.

Hace un par de años, Antonio decidió dar rienda suelta a su pasión por la artesanía y el surf, combinando su amor por la naturaleza con su deseo de crear algo único con sus propias manos.  Inspirado, dedicó tres intensos meses a trabajar sin descanso en su pequeño taller o, como suelen llamarlo ellos, "El Clandestino". Allí, entre virutas y herramientas, dio forma a su primera tabla, una pieza con un diseño retro y una resistencia sorprendente.

De hecho, la fortaleza de la tabla quedó demostrada en un incidente inesperado: en lugar de romperse tras un golpe con un gálibo, fue tan robusta que terminó arrancando el portaequipajes de la furgoneta. Antonio siempre recuerda este anécdota entre risas, orgulloso de lo que había logrado. Así empezó su camino como "shaper", término utilizado en este mundillo que define a todo aquel especializado en crear tablas de surf de forma artesanal.

Su entusiasmo pronto contagió a Iván, su mejor amigo. Él quiso acompañarle en su aventura para poder disfrutar de más maneras de aquello que le apasiona. Motivado por lo que veía, Iván decidió construir su propia tabla y, de paso, una más para su hijo. Aunque trabajaba largas jornadas en su empleo habitual, aprovechaba cada hueco libre para escaparse al taller y poder centrarse en el proceso de creación. Optó por construir un Longboard, una tabla más larga y estable que tiene un peso ligero comparable al de las hechas de espuma de Poliuretano.   

Ambos se comprometieron a utilizar materiales sostenibles, como resinas ecológicas y maderas seleccionadas cuidadosamente, respetando el valor incalculable que tiene la naturaleza en este estilo de vida del surfista y en cualquier otro deporte al aire libre. Así, lo que comenzó como un proyecto personal, se transformó en una pasión compartida que unió aún más a estos dos amigos, apasionados del surf y de la naturaleza.

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